01 Jul 2024. Huelva

Un tecnosuelo que regenera la vida: de Riotinto hasta Marte

Un equipo de investigación de la Universidad de Huelva ha diseñado una suelo artificial que combina residuos de aguas depuradas e industrias metalúrgicas para recuperar áreas degradadas. Los resultados confirman que terrenos ácidos, afectados por la actividad minera, vuelven a tener vida. Además, son replicables en estudios sobre el planeta rojo, debido a las similitudes mineralógicas y geoquímicas del terreno.

Autoría: Remedios Valseca

Fuente: Fundación Descubre

El fenómeno Dune hace su segunda entrega en la gran pantalla y en las plataformas de streaming. Un planeta, Arrakis, desierto, donde el agua es el bien más preciado y el único lugar conocido como fuente del ‘melange’, una especia ficticia, que dota de una larga vida y otras habilidades a quien la consume. Todo el ‘Universo Conocido’ la pretende, la busca, trafica y batalla por conseguirla o crearla artificialmente.

Lo que pocos saben sobre Arrakis es que cuando Frank Herbert concibió este mundo distópico en 1965 se inspiró en las dunas de Washington y en cómo se usaba la vegetación para manejarlas. Así, el control del suelo y sus recursos, como la recuperación del agua o la búsqueda de esa melange que permita la supervivencia de las especies en zonas degradadas, son los centros de la trama de esta saga. La misma idea de colonización y dominio de los recursos por parte de las casas nobles y las estructuras de poder en el universo Dune la tenemos con el sueño que muchos astrobiólogos tienen de llegar a otros planetas de nuestro sistema solar, como Marte. Lo que aún es ciencia ficción puede, algún día, convertirse en realidad. Todo es cuestión de adaptación y del desarrollo de tecnología avanzada que lo permita.

Son muchos los escenarios en este mundo conocido que pueden servir de platós científicos para conocer al planeta rojo más profundamente: el desierto de Atacama en Chile, el Valle de la Muerte en Estados Unidos, el Desierto de Omán en Oriente Medio, el de Tabernas en Almería o Río Tinto en Huelva debido a sus similitudes mineralógicas y geológicas con los entornos marcianos.

La cuenca del Río Tinto tiene un ambiente ácido y rico en minerales, con aguas rojas debido a la alta concentración de hierro. Este entorno hostil con la supervivencia es similar al que podría encontrarse en Marte. Por eso es utilizado por investigadores para estudiar extremófilos, organismos que viven en condiciones extremas, o la posibilidad de desarrollar alguna forma de vida en el suelo de Marte.

¿Es posible la vida en Marte?

Una de las últimas investigaciones publicadas en la revista Science of The Total Environment presenta un estudio realizado por un equipo de investigación de la Universidad de Huelva en el que logran dar vida a suelos estériles afectados por la contaminación de metales. Los ensayos, realizados en laboratorio con muestras procedentes de Río Tinto, son aplicables a la investigación del suelo marciano por su parecido en la composición y comportamiento.

Investigadores de la Universidad de Huelva, autores del artículo.

Los expertos destacan la importancia de estos estudios para la astrobiología. El parecido de los suelos estudiados con los de Marte permite que los conocimientos adquiridos abran nuevas vías de investigación para determinar si es posible modificar la superficie marciana para hacerla más habitable.

De esta manera, los investigadores han desarrollado un tecnosuelo, un suelo artificial creado a partir del sustrato de los alrededores de Riotinto y que integra residuos industriales no peligrosos, capaz de recuperar las tierras mineras contaminadas por metales. Los resultados del estudio validan las dos acciones que se pretenden con esta técnica de recuperación natural asistida. Por un lado, se neutraliza la acidez del suelo, permitiendo nuevamente el crecimiento de la vegetación. Por otro, se evita que los metales sean absorbidos por las plantas o se infiltren en el subsuelo contaminando el agua subterránea.

Suelos rojos en la Peña de Hierro.

De esta manera, los investigadores dan un valor añadido al proceso de recuperación de suelos. “Hemos utilizado residuos o subproductos de empresas cercanas a las minas, lo que reduce el transporte y los costes económicos y medioambientales asociados. Concretamente, ensayamos con lodos de las estaciones depuradoras de agua y escorias de la industria siderúrgica”, indica a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Huelva Juan Carlos Fernández Caliani, coautor del artículo.

De las macetas a Marte

Los lodos mejoran la estructura del suelo y lo revitalizan para que puedan volver a desarrollar vegetación. Esto se debe a su capacidad para retener agua y porque aportan materia orgánica y nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo y potasio.

Las escorias siderúrgicas son residuos de las empresas del acero que ayudan a la neutralización de la acidez y a la retención de los metales, evitando su lixiviación, es decir, que sean arrastrados o lavados por el agua de lluvia. Para ello, los expertos han seguido el siguiente proceso para la fabricación del tecnosuelo, como se llama este tipo de sustrato:

  1. Caracterización de los residuos con el objetivo de garantizar su idoneidad en la estabilización química y evaluar sus efectos positivos sobre la calidad del suelo y el desarrollo de las plantas.
  2. Mezcla del suelo de la mina con diferentes proporciones de los residuos seleccionados para obtener distintas formulaciones.
  3. Ensayos de lixiviación, es decir se analizan para determinar si los metales podrían liberarse de los componentes del suelo y transferirse a las corrientes de aguas.
  4. Pruebas en macetas para evaluar la capacidad de crecimiento de plantas de mostaza india, una especie reconocida por su resistencia en condiciones adversas y su capacidad para biorremediar suelos contaminados.

Los expertos han desarrollado un tecnosuelo eficaz para la recuperación ambiental de suelos mineros.

Tras cuatro meses de experimentación, los resultados confirmaron que el tratamiento reduce la acidez del suelo y las concentraciones de metales solubles, creando condiciones óptimas para el crecimiento vegetal. De esta manera, los expertos han desarrollado un tecnosuelo eficaz para la recuperación ambiental de suelos mineros. El siguiente paso es ensayar este sustrato artificial en condiciones de campo y llevar su producción a una planta piloto o industrial.

El último escalón aún está lejos de alcanzarse, pero ya se ha sembrado lo que podría, en un futuro, llevar vida a Marte. Si Herbert hubiera conocido este tecnosuelo, seguro que lo habría incluido en sus novelas. El desierto de Arrakis estaría lleno de baldosas que harían crecer el melange con el color rojizo de las tierras de Huelva.

Esquema del proceso para la fabricación del tecnosuelo.

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