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¿Cómo se debe observar un eclipse de forma segura?

Si quieres observar el Sol de forma segura, lo primero que debes saber es que nunca se debe mirar al Sol sin la protección adecuada y esto es cierto tanto para la observación a simple vista como con instrumentos ópticos. Y más aún si se trata de contemplar un eclipse, ya que en estas ciercinstancias aumenta drásticamente el riesgo de daño grave e irreversible.

En los próximos años 2026, 2027 y 2028, tres eclipses solares convertirán España en un escenario privilegiado para la observación astronómica, algo que atraerá la atención de muchas personas. Pero la observación el Sol no está exenta de riesgos. Y más aún, cuando la Luna se está interponiendo entre la Tierra y el astro rey, bloqueando total o parcialmente la luz solar y proyectando una sombra sobre nuestro planeta.

Por este motivo, algunas instituciones como el Instituto Geográfico Nacional (Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible) insisten en la importancia de seguir una serie de precauciones para no lamentar daños oculares. También la Fundación Descubre publica en su  Guía de Inicio: Astronomía para Principiantes un capítulo completo para divulgar cómo se debe Observar el Sol de forma segura.

Nunca sin protección ocular

La primera regla es clave: nunca se debe observarse el Sol directamente, ni con aparatos ni con filtros ni a simple vista. Dirigir la mirada hacia el astro rey siempre entraña un riesgo, pues la gran cantidad de radiación que emite a diversas longitudes de onda (principalmente del infrarrojo al ultravioleta) puede dañar permanentemente la vista, produciendo incluso ceguera.

Las 'gafas de eclipse' se pueden adquirir en tiendas especializadas y planetarios

Las ‘gafas de eclipse’ se pueden adquirir en tiendas especializadas y planetarios

La retina puede quemarse o cegarse parcialmente sin aviso, pues no produce sensación de dolor. El daño puede ser instantáneo e irreparable si la observación se hace con un aparato: ¿quién no ha visto arder un papel puesto tras una lupa?; pues de la misma manera que una lupa, actúan la mayor parte de aparatos que concentran luz mediante lentes: prismáticos, cámaras fotográficas, anteojos, telescopios, etcétera.

Y esto se refiere tanto al Sol sin eclipsar como al Sol eclipsado parcialmente o un eclipse anular: la cantidad de radiación que llega del 1% de la superficie del Sol es suficiente para dañar la vista. Ello puede verse con un sencillo cálculo. El 1% de la superficie del Sol emite 5 magnitudes menos que el Sol entero, lo que equivale a una luminosidad de 4.000 lunas llenas concentrada en una región de 3′ de tamaño, cuya imagen en el ojo ocupa unos pocos receptores de luz, los cuales serán dañados permanentemente, aunque no así los receptores vecinos.

Si se dirige la mirada al Sol a simple vista, el tren de lentes del ojo proyecta sobre la retina una imagen del disco solar que es capaz de dañar las células sensibles a la luz. Aunque no se haga con instrumentos ópticos, para mirar la Sol hay que interponer algún dispositivo que elimine la mayoría de la luz incidente: un filtro solar.

Filtros solares y gafas de eclipse

Las «gafas de eclipse» (que se pueden adquirir en tiendas especializadas y planetarios) están diseñadas para observar el Sol con seguridad durante cortos periodos de tiempo, bien inferiores al minuto. Deben usarse sólo si se encuentran en buenas condiciones, sin raspaduras, perforaciones, arañazos, roturas ni dobleces. Conviene probarlas antes mirando una bombilla de incandescencia.

También existen filtros para la observación del Sol. Hay algunos profesionales, que pueden ser usados con seguridad. Su inconveniente es que pueden ser caros, pero hay razones muy importantes para ello. En primer lugar, reducen la cantidad de luz en la cantidad adecuada para ser utilizables por el ojo humano. En segundo lugar, reducen la luz de todas las longitudes de onda (del infrarrojo al ultravioleta), teniendo especial cuidado en filtrar adecuadamente las radiaciones más nocivas para el ojo humano. Deben reducir como mínimo en un factor 30.000 (¡treinta mil!) la radiación visible del Sol, lo que reduce su brillo al de un cuarto creciente lunar. El infrarrojo próximo (hasta 1,4 micrómetros) se reduce varios centenares de veces.

Los filtros «caseros» son totalmente desaconsejables. Se han usado desde películas veladas a viejos disquetes tipo floppy, pasando por radiografías, gafas de sol, CDs, cristales ahumados, gafas de soldador, filtros baratos para prismáticos y telescopios… De todos ellos el único razonable son los vidrios o filtros de soldador de alto grado (de 12 a 14), aunque sus cualidades ópticas pueden dejar mucho que desear.

Un filtro de soldador normalizado. Los del número 12 y 13 son adecuados y seguros para observar el Sol a simple vista. De venta en ferreterías. A la derecha, Trini observa el Sol con un filtro de soldador.

Un filtro de soldador normalizado.

Estos últimos son de unos vidrios que se venden en ferreterías, pensados para proteger la vista de las personas que se dedican a la soldadura de metales por diversos métodos. Se clasifican por números de opacidad, de manera que un número más elevado ofrece mayor protección. Para la visión del Sol directa solo son seguros los filtros de los números 12 a 14, aunque puede que el primero de ellos deslumbre un poco. A pesar de que el uso de este sistema sea totalmente seguro, hay que tener en cuenta que la calidad óptica de estos filtros no siempre es la ideal.

Los demás filtros citados, o bien no filtran la radiación en el factor requerido o bien no filtran adecuadamente todo el rango de longitudes de onda al que responde el ojo humano. Como caso anecdótico del peligro que entrañan estos sistemas caseros está el de las películas veladas al sol (y después reveladas) de fotografía en blanco y negro: antiguamente contenían suficiente cantidad de plata como para dar lugar a un filtro «razonable» (doblando varias veces la película sobre sí misma), pero en la actualidad algunas utilizan tintes en lugar de plata, con lo que han perdido todo su poder protector como filtro solar; habría que empezar asegurándose de que la película contiene plata. Los demás tipos de película (color, diapositiva) no son adecuados en absoluto.

En cualquier caso, observar el Sol, aunque sea con un filtro bueno es algo que resulta un tanto peligroso, pues puede producirse un despiste y acabar mirando sin tal filtro. No es descabellado pensar en el caso de un niño que observa el Sol con un filtro y, de manera totalmente ingenua, se le ocurre echar un vistazo al Sol apartando el filtro… No hay nada tan seguro como proyectar la imagen del Sol, a no ser que uno sepa muy bien lo que está haciendo y cuente con los filtros profesionales adecuados.

Las búsquedas en Google de "my eyes hurt" (me duelen los ojos) se dispararon en Estados Unidos durante el eclipse del 8 de abril de 2024 por hacer caso omiso a los consejos (Waisberg et al. 2024).

La grfáfica muestra cómo las búsquedas en Google de ‘my eyes hurt’ (me duelen los ojos) se dispararon en Estados Unidos durante el eclipse del 8 de abril de 2024 por hacer caso omiso a los consejos (Waisberg et al. 2024).

En este punto hay que insistir de nuevo en que para observar el Sol a simple vista advirtiendo no se debe utilizar ningún otro método alternativo aparte de los ya indicados: filtros especiales o filtros de soldador del número correcto. Otras ideas más o menos tradicionales implican riesgos inasumibles porque no filtran toda la luz visible necesaria, o porque no hay garantía de que eliminen bien las radiaciones ultravioleta e infrarroja.

¿Cómo podemos saber si unas gafas de eclipse son seguras?

Si Consulta las recomendaciones de la Comisión Científica y de Asesoramiento del Trío de Eclipses para saber si tus gafas cumplen con la normativa correspondiente y, por lo tanto, no suponen ningún riesgo para tus ojos.

Observación mediante proyección de la imagen del Sol

Con el fin de evitar cualquier accidente es necesario volver a recordar que el propio Sol o un eclipse de Sol nunca debe ser observado mirando directamente al Sol, sino que debe ser observado proyectando la imagen del Sol sobre un papel, pantalla, pared o techo. Al actuar por dispersión, dicha superficie reemite una fracción muy pequeña de la luz recibida, que es sólo la que ha pasado por el agujero. Incluso mirar el Sol a través de filtros muy oscurecidos entraña riesgos y no se aconseja.

El método más simple, aunque menos agradecido, consiste en utilizar dos cartulinas opacas, a una de las cuales se practicará un pequeño agujero. Colocándose de espaldas al Sol, se sujeta la cartulina agujereada de tal manera que los rayos del Sol incidan más o menos perpendicularmente sobre ella y que la luz que pasa por el agujero se proyecte en la otra, situada a modo de pantalla a varios palmos de la primera y paralela a ésta. Según sea el tamaño del agujero la imagen se verá más o menos nítida y más o menos luminosa. La separación entre las dos cartulinas también depende del tamaño del agujero. Conviene probar con agujeros de distinto tamaño hasta encontrar uno que nos satisfaga.

Proyección del Sol mediante un telescopio. Hay que asegurarse de que tanto el telescopio como el ocular utilizados son aptos para este fin.

Proyección del Sol mediante un telescopio. Hay que asegurarse de que tanto el telescopio como el ocular utilizados son aptos para este fin.

Una variante de lo anterior se consigue proyectando sobre una pared la imagen del Sol con un espejo de mano enteramente cubierto con un papel al que se ha recortado un agujero de medio centímetro de diámetro. No es necesario que este agujero tenga una forma particular: de hecho, es interesante hacer varios, por ejemplo, uno redondo, otro cuadrado y otro triangular, y se verá como la imagen que proyecta cada uno de ellos en la superficie escogida tiene la misma forma: un disco si es el Sol sin eclipsar, un disco parcialmente oscurecido si es el Sol parcialmente eclipsado. Su tamaño sí es importante; cuanto más grande, más luminosa pero más borrosa será la imagen proyectada. Por ello conviene hacer pruebas con agujeros de diverso tamaño hasta encontrar el óptimo. Tal tamaño también depende de la distancia a la que se encuentre la superficie de proyección (pared, techo o pantalla). Si se está observando un eclipse, a medida que se eclipsa el Sol puede convenir usar agujeros más grandes. Este procedimiento nada peligroso tiene la ventaja adicional de permitir que un grupo de personas observe el fenómeno al mismo tiempo, lo que permite hacer comentarios y entretiene durante el largo tiempo que tarda el Sol en eclipsarse.

El Sol con telescopio: proyección

Lo primero que debe considerarse antes de utilizar estos instrumentos es que, si la luz solar al natural ya puede ser dañina, concentrada por un telescopio puede resultar catastrófica. Si a alguien (por ejemplo, a un niño) se le ocurriera mirar por el aparato, esto le acarrearía probablemente la ceguera en tal ojo.

Pero no hay que perder de vista un segundo objetivo, también: el de no dañar el propio instrumento óptico, ya que los prismáticos y telescopios modernos cuentan en su interior con muchas piezas de plástico que pueden quedar destruidas si se introduce la luz solar sin filtrar en el camino óptico de aparatos que suelen estar diseñados para digerir niveles de radiación ínfimos, como los que se manejan al observar las estrellas o las nebulosas.

Un primer sistema de observación solar con telescopio consistiría en utilizar el aparato óptico como proyector, sin filtro de ningún tipo, pero con un ocular colocado (habrá que hacer pruebas para ver qué ocular ofrece la imagen del Sol más atractiva, lo normal será utilizar uno de poco aumento).

Se apunta hacia el Sol el telescopio, para lo cual no hay que mirar jamás por el buscador, sino que hay que guiarse por la forma de la sombra que proyecta el propio tubo sobre el suelo. Una vez apuntado al Sol, se arroja su luz sobre una pantalla adecuada, la cual convendrá que esté a la sombra, para lo que puede ser necesario añadir una visera o parasol al propio telescopio, o servirse de algún otro sistema más o menos ingenioso. La imagen solar se puede enfocar moviendo el ocular por medio del portaoculares. Así es posible lograr imágenes solares proyectadas bastante grandes y capaces de revelar una cantidad de detalle sorprendente. Además, se cuenta con la ventaja de que varias personas pueden disfrutar de la observación al mismo tiempo. Eso sí, resulta crucial, es imprescindible, no hay que olvidar: asegurarse de nuestro telescopio es apto para recibir en su interior la luz solar no filtrada.

La proyección puede aplicarse también a unos prismáticos colocados sobre un trípode, con las mismas precauciones: hacerlo solo si se tiene la certeza de que el instrumento no se va a dañar internamente, y controlar que a nadie se le ocurra mirar por los prismáticos mientras apunten al Sol. Cubrir uno de los dos objetivos suele ser recomendable.

El Sol con telescopio: filtros

Pero lo más seguro, y quizá lo más práctico, es apuntar el telescopio o los prismáticos al Sol utilizando un filtro diseñado expresamente para ello. Antes (y aún hoy día en telescopios pequeños y de poca calidad) se utilizaban filtros solares que se enroscaban en el ocular, pero estos dispositivos no son recomendables.

Son preferibles los filtros que se colocan a la entrada del telescopio, delante del objetivo. Los hay de materiales diversos: vidrios tintados de tonos variados, polímeros o combinaciones de polímero y recubrimientos superficiales metálicos. Muchas marcas de telescopio venden filtros solares frontales ya montados, de manera que se adaptan bien a las características de sus propios aparatos. En el caso de los filtros hechos con polímero es bastante frecuente comprar hojas de este material, que vienen sueltas, y dedicarse un poco a las manualidades caseras para preparar algún sistema que permita adaptar el filtro a la boca del telescopio.

Filtro solar frontal para telescopio: la opción ideal. Se adquieren en comercios especializados. En este caso se muestra un filtro frontal hecho de vidrio.

Filtro solar frontal para telescopio: la opción ideal. Se adquieren en comercios especializados. En este caso se muestra un filtro frontal hecho de vidrio.

Un mecanismo más simple consiste en usar un trozo de filtro con una goma elástica. Así, al acabar la observación solar se retira de nuevo la hoja de material protector y se guarda enrollada dentro de un tubo, pero la experiencia demuestra que no es lo mejor para la conservación del filtro. Por eso puede ser buena idea montar el filtro en un aro o soporte permanente, construido a medida para que encaje en nuestro telescopio.

En cualquier caso, lo importante es que el material esté homologado y sea fiable. Solo así se tendrá la garantía de que se suprime toda la luz visible que sobra y, sobre todo, el cien por cien de los rayos infrarrojos y ultravioletas del Sol que, aunque no se perciben con el ojo, son muy capaces de dañarlo si alcanzan el globo ocular sin filtrar.

Fuentes (texto e imágenes): 

Observar el Sol de forma segura. Capítulo 15 de la Guía de Inicio: Astronomía para Principiantes elaborada por David Galadí Enríquez, asesor científico de El Séptimo Cielo.

Cómo observar los eclipses: Protege tus ojos. Instituto Geográfico Nacional. (Ministerio de Transportes y Sostenibilidad)

– Imagen de portada: Proyección solar del heliostato Helianthus de AstroHita, con un disco solar de un metro y medio de diámetro en el que se aprecia multitud de detalles. Cortesía de Leonor Ana Hernández (AstroHita).

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