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¿Se pueden reutilizar las gafas para los próximos eclipses?

Autoría: Patricia Pérez

Asesoría científica: Víctor de Ory, Real Observatorio de la Armada de San Fernando

eclipse , eclipse solar

Un estudio científico con participación del Instituto de Astrofísica de Andalucía analiza cómo envejecen los filtros solares a partir de modelos fabricados durante más de dos décadas. Los resultados aportan las claves para saber si podremos volver a utilizarlos en 2027 y 2028, cómo conservarlos y cuándo es mejor sustituirlos. 

29 de octubre de 2026

El eclipse solar del pasado 12 de agosto nos dejó una amalgama de recuerdos. La mayoría permanecerán en nuestra memoria, pero otros son más tangibles, como las fotografías que hicimos, algún souvenir del lugar desde el que lo contemplamos y, por supuesto, las gafas con las que pudimos mirar al Sol con seguridad. Conviene no relegar aún este modesto armazón de cartón al cajón de los recuerdos, porque en menos de un año volveremos a necesitarlo.

El excepcional Trío de Eclipses que vive España continuará el 2 de agosto de 2027 , cuando esta vez sí, Andalucía cobrará un protagonismo especial, con la franja de totalidad atravesando parte de las provincias de Cádiz, Málaga, Granada y Almería, además de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Salvo los escasos minutos de la totalidad, antes y después las gafas seguirán siendo imprescindibles. Y aún habrá que tenerlas a mano unos meses más, pues el 26 de enero de 2028 llegará un eclipse anular en el que la Luna no ocultará por completo el disco solar, por lo que la protección será imprescindible durante toda la observación.

gafas de eclipse

Tan importante como adquirir unas gafas que cumplan todos los requisitos de seguridad es conservarlas en buen estado.

No es esta una cuestión baladí, ya que mirar directamente al Sol sin un filtro apropiado puede provocar una retinopatía solar, una lesión de la retina que puede dejar secuelas permanentes. «El ojo concentra la luz solar sobre la retina como una lupa, y la luz azul daña las células fotorreceptoras», explica a la Fundación Descubre la oftalmóloga Rosario Liñán, miembro de la Sociedad Andaluza de Oftalmología (SAO).

La especialista asegura haber atendido varios casos de este tipo a lo largo de su carrera, la mayoría coincidiendo con eclipses solares. El peligro no está en el evento en sí, sino en nuestra estrella. La disminución de la luz ambiente induce a bajar la guardia y mirarla directamente, pese a que sigue siendo igual de dañina para la vista que en cualquier otro momento, aunque una gran parte de su disco permanezca oculta tras la Luna. A ello se suma que la retina carece de receptores del dolor, por lo que la exposición no produce una señal inmediata de alarma. Los síntomas suelen aparecer entre cuatro y doce horas más tarde, tales como visión borrosa, pequeños puntos negros en el campo visual, deformación de las líneas rectas o alteraciones en la percepción de los colores.

Por eso es tan importante utilizar unas gafas protectoras. La duda es, ¿podremos reutilizar las mismas que conseguimos para el eclipse anterior?, ¿cómo sabemos si siguen siendo seguras después de meses guardadas?, ¿caducan realmente? Para responder a estas preguntas, la ciencia las ha puesto a prueba.

Análisis desde 1999 hasta hoy

Para conocer qué ocurre con estos filtros con el paso del tiempo, investigadores del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), el Instituto de Óptica (IO-CSIC) y la Universidad Complutense de Madrid han analizado modelos disponibles actualmente en el mercado junto a otros conservados de eclipses anteriores. Los resultados se recogen en un artículo publicado en Zenodo.

En concreto, la muestra incluye ejemplares fabricados desde 1999. «Esto nos permite investigar si existen cambios asociados al envejecimiento y al almacenamiento, pero también posibles diferencias entre materiales, fabricantes y procesos de producción de distintas épocas», señala el investigador del IAA-CSIC Alejandro Sánchez de Miguel, investigador principal del estudio.

La función de unas gafas de eclipse es impedir que llegue a nuestros ojos la radiación solar potencialmente dañina. Para saber si continúan haciendo correctamente ese trabajo, los científicos han medido su transmitancia, es decir, qué fracción de la radiación consigue atravesar el filtro.

Uno de los resultados más relevantes es que unas gafas no se vuelven necesariamente inseguras por haber cumplido un determinado número de años. «Hemos encontrado indicios de degradación, pero el comportamiento depende mucho del material, el fabricante y las condiciones de conservación», afirma Sánchez de Miguel. Los ejemplares más antiguos de una de las series estudiadas, especialmente los fabricados en 1999 y 2005, presentaban menor densidad óptica y una mayor dispersión que las gafas recientes.

Los investigadores no pueden atribuir esas diferencias exclusivamente al paso del tiempo, ya que también podrían intervenir cambios en los materiales o mejoras introducidas posteriormente en los procesos de fabricación. Por tanto, una de las conclusiones del trabajo es que no puede establecerse una fecha de caducidad universal basándose únicamente en la edad de las gafas de eclipse.

Cuestión de filtros

Una de las claves está en el material de los filtros. Algunas gafas utilizan un polímero negro, un plástico oscuro que bloquea directamente la radiación. Otras emplean películas reflectantes o metalizadas, fácilmente reconocibles por su aspecto plateado, similar a un espejo. En estas, buena parte de la protección depende de recubrimientos superficiales que pueden ser más sensibles a los arañazos, roces, oxidación o a la separación de las capas con el tiempo.

Así lo constataron en el estudio. «Algunos ejemplares reflectantes antiguos presentaron una pérdida importante de prestaciones, incluso sin daños exteriores evidentes. En cambio, dentro de nuestra muestra no encontramos fallos por transmisión excesiva en las gafas de polímero negro de hasta unos 16 años. Esto no demuestra que todas sean indefinidamente seguras ni permite reutilizarlas automáticamente sin inspección», puntualiza el investigador.

Por ello, pese a que existen diferentes materiales dentro de las películas metalizadas, los resultados del trabajo indican que, si son antiguas o se desconoce si se han conservado bien, deben tratarse con especial cautela. Máxime si las alteraciones pueden no ser evidentes a simple vista.

¿Qué debemos comprobar antes de reutilizarlas?

En casa no podemos realizar el mismo análisis que se lleva a cabo en un laboratorio, pero sí tener en cuenta varios factores. El primero, realizar una inspección visual de los dos filtros a contraluz, en busca de perforaciones, desgarros, arañazos, pliegues, zonas despegadas o cualquier otro deterioro. Si al probarlas se siente deslumbramiento o incomodidad hay que dejar de utilizarlas inmediatamente.

gafas de eclipse

Las gafas de eclipse deben indicar la norma ISO, el marcado CE, nombre del fabricante, instrucciones de conservación y fecha de caducidad.

Lo siguiente es repasar las indicaciones del fabricante. Muchos modelos incluyen una fecha de caducidad que señala hasta cuándo se garantizan sus prestaciones, siempre que se hayan utilizado y conservado correctamente. «No significa necesariamente que el filtro deje de funcionar al día siguiente de esa fecha. Nuestro estudio muestra que algunas gafas pueden conservar unas prestaciones adecuadas muchos años después», subraya el investigador.

Sin embargo, apunta a que tampoco debe interpretarse como una mera estrategia comercial, como ocurre en algunos casos. «Si el fabricante establece una caducidad o limita el número de usos, esa indicación debería respetarse, especialmente en materiales reflectantes delicados o cuando no se dispone de una medición que confirme su estado», insiste.

Otra referencia que deben incluir es la norma internacional ISO 12312-2, que establece requisitos para los filtros destinados a la observación directa del Sol, con el objetivo de proteger el ojo frente a la radiación solar. Pero encontrar esa indicación no constituye por sí solo una garantía. En Europa también debe cumplirse el Reglamento sobre equipos de protección individual, que supone haber superado una evaluación de conformidad realizada por un organismo notificado. Por ello es importante que las gafas cuenten con un marcado CE auténtico, algo mucho más probable si se adquirieron a través de establecimientos o distribuidores de confianza.

La enorme expectación que despertó el eclipse de este verano abrió la puerta a la venta de falsificaciones y productos de dudosa homologación, cuyo aspecto puede ser prácticamente idéntico al de unas gafas seguras. De ahí la importancia de no quedarse únicamente con una numeración impresa en la montura, sino comprobar también la procedencia, la identificación del fabricante y el resto del etiquetado. De hecho, aunque el estudio encontró que la mayoría de las gafas recientes ofrecían una atenuación elevada, también detectó problemas de homogeneidad en determinados lotes y casos con información insuficiente sobre el fabricante o la trazabilidad.

reparto de gafas para ver el eclipse solar

Es importante adquirir las gafas de eclipse a través de establecimientos o distribuidores de confianza. Imagen: ESA

Con todo, el experto recuerda que el estudio del que forma parte es una evaluación científica, no una certificación oficial de cada modelo. «Conviene distinguir entre tres cosas: que un fabricante declare que cumple la norma, que una medición indique que el filtro satisface determinados límites ópticos y que el producto completo cumpla todos los requisitos técnicos, documentales y legales», apunta.

¿Cómo deben guardarse hasta el próximo eclipse?

Tan importante como comprobar que las gafas se encuentran en buen estado y cumplen la normativa es garantizar una buena conservación hasta que llegue el momento de volver a utilizarlas. Para ello los expertos recomiendan:

  • Guardarlas en su funda o envoltorio original, dentro de un sobre rígido o recipiente cerrado, en un lugar seco y protegido de la luz solar directa.
  • Evitar la presión, los pliegues, los roces y el contacto con objetos que puedan rayar o perforar el filtro.
  • Las películas metalizadas requieren especial cuidado, para impedir que sus superficies rocen contra otros materiales. Pero incluso las gafas de polímero negro, aunque sean más resistentes, deben guardarse correctamente.

Aun siguiendo estas pautas, si existen dudas, lo más prudente es desecharlas y sustituirlas por unas nuevas. Máxime cuando está en juego la salud visual. Sobre ello trata de alertar este estudio, que arroja información sobre cómo se comportan estos productos con el paso del tiempo. El equipo no descarta ampliar la investigación a otros aspectos, como el cumplimiento de los requisitos legales, el etiquetado, la trazabilidad o los sistemas de control de calidad.

Todo para disponer de la mayor información posible que garantice una observación segura del Sol. Porque el fenómeno de los eclipses no ha hecho más que empezar. En 2027 y 2028 volveremos a levantar la mirada al cielo y, para disfrutar del trío al completo, proteger nuestros ojos seguirá siendo una prioridad.

Más información sobre el trío de eclipses en la web http://trioeclipsesandalucia.com/

Fuentes:

  • Alejandro Sánchez de Miguel, Rafael González, Jesús Gallego, Jaime Zamorano, Nicolás Cardiel, Carlos Tapia, Gloria Adame, Joaquín Campos Acosta, Alejandro Ferrero Turrión. ‘Safety Margins of Solar Eclipse Glasses: Multi-Instrument Evidence for Ageing, Batch Heterogeneity and Updated ISO Compliance’. Zenodo, 2026.
  • Imagen de portada: Captura tomada durante el eclipse solar del 12 de agosto de 2026 en Léon. ESA.

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